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Charlan en el Museo Archivo de la Fotografía sobre el patrimonio textil de la cultura Cora

Publicado el 27 Noviembre 2020
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SC/CDPC/0884-20

La historia del surgimiento de la cultura Cora y los elementos que conforman su vestimenta en las comunidades del estado de Nayarit, fueron el eje principal del conversatorio “El patrimonio textil náayeri (Cora)”, que el Museo Archivo de la Fotografía (MAF) transmitió el jueves 26, a las 19:00 horas, a través de sus redes sociales oficiales.

Como parte de la iniciativa Noviembre Mes del Patrimonio y de las Primeras Jornadas sobre Patrimonio Fotográfico, Sonoro y Audiovisual que organiza el recinto de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, el director del MAF, Daniel H. Vargas, y la etnóloga Idalia Hernández, abordaron en un espacio de dos horas el patrimonio visual contenido en los textiles de la cultura Cora, su vestimenta cotidiana, así como los textiles rituales.

Con un gran recibimiento a través de las redes sociales y una audiencia muy participativa a lo largo de la charla, el encargado del museo reflexionó —al abrir el diálogo— sobre los textiles y su intertextualidad: “Estas telas también nos reflejan y comunican cosas que se interpretan y pasan de una esfera de lenguaje a otra. Abordaremos cómo es que está conservado y concentrado este saber milenario: el patrimonio textil”, dijo.

Por su parte, la egresada de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), Idalia Hernández, señaló que el conversatorio se pensó para que el público conozca y se informe acerca de la cultura Cora.

Expresó que esta cultura se ubica principalmente en el noreste del estado de Nayarit, en los límites con Durango, Zacatecas y Jalisco, donde se concentran en comunidades pequeñas, por lo que tienen que viajar a los pueblos cercanos a realizar sus actividades cotidianas. “Hay más de 400 localidades que, de acuerdo al INEGI, registran menos de cien habitantes, por lo que hay una gran dispersión de las rancherías que se integran por familias”, dijo.

La también colaboradora del Proyecto Nacional de Etnografía de las Regiones Indígenas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), detalló que los coras empezaron su evangelización casi 200 años después de la llegada de los españoles. “Se cree que la zona no era atractiva económicamente para extraer recursos de los que se beneficiara la colonia española, entonces esta región gozó de autonomía religiosa durante este periodo”.

Idalia señaló que investigadores como León Diguet (1859-1926), Carl Sofus Lumholtz (1851-1922) y Konrad Theodor Preuss (1859-1938), lograron tener algunos registros de cómo era esta comunidad en la antigüedad, pero que, a pesar de contar con imágenes, en ellas no se logra dar cuenta de los detalles de la vestimenta que utilizaban los coras a principios del siglo XX.

“De lo que me han hablado las mujeres coras, es que antes se utilizaba mucho la manta, por lo que las telas de color se fueron incorporando hace algunas décadas conforme fueron llegando con la comercialización; lo que hoy tenemos es una prenda bastante colorida”, indicó la especialista que desde 2015 emprendió un proyecto de investigación sobre los textiles de esta cultura.

Explicó que en lugares como Santa Cruz de Guaybel, Mesa del Nayar y Jesús María se encuentra un tipo de vestimenta que se compone de una blusa de tela de popelina, con manga tres cuartos y con detalle de holanes o cinta que decora la parte superior de la blusa, y en la parte de la falda utilizan diferentes tipos de telas, algunas más plisadas que otras.

“La vestimenta de Santa Teresa, una comunidad de la parte alta, utiliza faldas más largas, tal vez por el clima, con flores al final y un delantal que se ponen encima, la blusa es ceñida al cuerpo con detalles de flores, además de morrales y rebozo. También utilizan collares —en el caso de las mujeres mayores—, peinetas y huaraches de plástico que son cómodos para lavar”, precisó.

Respecto a la vestimenta de los hombres, relató que es más sencilla, pues se trata de un calzón de manta de la cintura al tobillo, una camisa, un sombrero donde el tradicional es el de soyate y huaraches de correa. Resaltó que un dato importante es que esta indumentaria es una tarea que está a cargo de las mujeres de la familia: “Es una labor definida por la división sexual del trabajo, en donde la mujer tiene la responsabilidad de coser la ropa, tejer los morrales para su marido e hijos”, dijo.

Expuso que esta labor es considerada un don, por lo que hay mujeres que lo solicitan a sus divinidades por medio de prendas en miniatura. “Puede ser pedido a través de depositar morrales o falditas pidiendo la gracia, la inteligencia para poder hacerlo rápido, vender mucho y hacer más”, detalló.

Hernández remarcó que a lo largo de su investigación ha podido documentar nueve técnicas de intervención en morrales, que son parte de la cultura Cora: “sprang, tejido sencillo, tejido sencillo con variación a cuadros, labrado de urdimbre de trama y doble, tejido labrado, tejido doble, tejido triple y tejido cuádruple, siendo los últimos dos innovaciones a partir de la incorporación de hilos acrílicos y más telas”.

Finalmente indicó que la cultura no es un elemento estático, sino un organismo vivo que se está retroalimentando constantemente del exterior. Los coras “no son renuentes al intercambio, van evolucionando y transformando de acuerdo a lo que necesiten, su sentido estético y su sentido de belleza”, aseveró.

El conversatorio “El patrimonio textil náayeri (Cora)” aún se encuentra disponible en la página de Facebook del Museo Archivo de la Fotografía (www.facebook.com/mafmuseo). Las Primeras Jornadas sobre Patrimonio Fotográfico, Sonoro y Audiovisual continúan desarrollándose a través de las redes sociales del MAF del 23 de noviembre al 4 de diciembre a las 19:00 horas, a excepción de la última actividad que iniciará transmisión a las 18:00 horas.

La Ciudad de México se encuentra con semáforo epidemiológico color naranja con alerta al límite, por lo que se exhorta a la población a permanecer en casa y salir sólo de ser necesario bajo el uso obligatorio de cubrebocas, la sana distancia y la constante desinfección de manos.

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