UNA TARDE DE MÚSICA DE CÁMARA EN LA OLLIN YOLIZTLI

Publicado el 02 Abril 2025

SC/CPDC/AR10-25

Cuatro atriles y sillas dispuestas en pares permanecían vacías en el vestíbulo del Centro Cultural Ollin Yoliztli de la Secretaría de Cultura capitalina. Eran las 16:30 horas, faltaban 30 minutos para Cuarteto de Cuerdas op.44 No. 2 de Félix Mendelssohn, presentación de Música de Cámara de este sábado 29 de marzo, previo al concierto de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México para interpretar un programa de los compositores rusos Prokofiev y Stravinski.

Poco a poco, los asistentes se acomodaban en las sillas colocadas frente a ese escenario enmarcado por un piano y la placa conmemorativa del centenario de la muerte del compositor romántico austrohúngaro Ferenc Liszt. El público, conformado por algunas parejas, amigas de años, adultos mayores, jóvenes y familias con niñas y niños aguardaban entre conversaciones ligeras, sonrisas, saludos, apretones de mano y murmullos enrevesados.

La expectación aumentó un par de minutos antes del recital de entrada libre cuando colocaron las partituras sobre los atriles. Tras unas palabras de bienvenida a los asistentes, en el vestíbulo se habían reunido unas 80 personas para observar. El breve silencio se rompió para recibir con cálidos aplausos al director artístico Scott Yoo al violín, Adrienne Galfi también en el violín, Robert deMaine coml violonchelo invitado y Felisa H. Salmerón en la viola, vestidos con trajes de gala negros.

En fila e instrumentos en mano, los maestros agradecieron con una reverencia y tomaron sus lugares. Sonaron los cuatro movimientos de la obra: Allegro assai apasionado, Scherzo. Allegro de mucho, Andante y Presto Agitato por poco más de 20 minutos. El director artístico tocó descalzo, agitándose con cada movimiento del arco, con cada énfasis, a cada nota, sintiendo la música con el violín sujeto entre la barbilla y el hombro izquierdo.

El público silencioso, cautivo, manteniendo la mirada fija en detalles de gestos expresivos y ojos apretados, de manos y brazos siendo extensiones de sus instrumentos, como si observando pudieran apropiarse de ese momento en que no solo el oído escucha. A cada cambio de partitura, silencio entre los movimientos, pero al final, el aclamo y la ovación por el que los músicos regresaron por más aplausos como reconocimiento a su interpretación. Ese ánimo encendido era preámbulo, el inicio de lo que sucedería en la Sala Silvestre Revueltas.

“Es la primera vez que vengo, lo que quiero escuchar es Sinfonía Concertante de Prokofiev porque ¡me fascina esa pieza! Mi papá es músico, yo no lo soy, pero me gusta mucho la música clásica y, particularmente, los compositores rusos (...) ya había ido a la Sala Nezahualcóyotl, pero no recuerdo que haya escuchado a la Filarmónica de la Ciudad de México”, dijo Matías Platts Navarrete, asistente a la función.

En la sala, las y los integrantes de la orquesta afinaban sus instrumentos, ajustaban clavijas, revisaban válvulas y pistones, oídos y arcos en armonía con la nota precisa. Sonidos dispersos de violines, chelos y tubas, como telón de fondo a nuevos murmullos entre el público, reanudación de pláticas, el ir y venir entre escaleras y pasillos por búsqueda de lugares idóneos. De nuevas esperas, de nuevas emociones en esta sala de conciertos.

La consagración de la primavera me gusta porque soy músico y se me hace interesante escucharlo así con la orquesta en vivo, estaría fantástico que estuviera el ballet también, pero justo el programa fue lo que nos atrapó para que pudiéramos venir. Es fantástico (la interpretación de Mendelssohn) como preludio, porque al final, esta conceptualización del preludio, esta antesala, y en lo que comienza, un café, prepararse media horita para el otro concierto”, compartió José Giovanni Cid Bonilla, guitarrista en el Conservatorio Nacional de Música, quien asistió acompañado por su novia.

A las 18 horas, los músicos con trajes y vestidos negros esperaban en sus secciones y el público estaba en su sitio. Todo estaba listo. Tercera, tercera llamada. Las luces en la sala se apagaron y Robert deMaine entró al escenario recibiendo una enorme ovación que continuó con el ingreso el director artístico Scott Yoo detrás de él. El violonchelista invitado tomó asiento a un costado del director y ajustó su posición. El director subió al podio y silencio absoluto.

La Sinfonía Concertante de Serguei Prokofiev tomó el recinto con sus dos partes, La adoración de la tierra y El sacrificio en más de 40 minutos y la ovación siguió con cinco minutos de aplausos. Robert deMaine regresó al escenario con el gesto de agradecimiento y tras una pequeña broma y afinar nuevamente, regaló un encore para demostrar su virtuosismo reconocido por más aplausos.

Al regreso del intermedio de unos 15 minutos, Scott Yoo se dirigió a los músicos y sosteniendo la batuta con la mano derecha, con la izquierda indicaba, llamaba al momento preciso, exacto, donde entraban las notas de la sección de la orquesta. Señalaba ese instante donde sonaría cada uno de ellos para interpretar La consagración de la primavera de Igor Stravinksi. De vez en vez, miraba fijamente las secciones de cuerda, secciones de viento y percusión.

Con una agitación de brazos y cuerpo entero marcando tiempo, suavizando los ritmos en vaivenes, llamando a todos a sumarse a la festividad musical con un movimiento rápido en semicírculo y agachándose en cada remate, en cada movimiento. Era el final de casi 35 minutos de la obra y el júbilo estalló en aplausos.

Scott Yoo regresó sonriente al escenario arropado por los músicos, señalando a cada uno de ellos para que se pusieran de pie, reconociendo su profesionalismo y talento, en tanto, el público los felicitaba con vítores y aplausos durante más de cinco minutos continuos.

Quienes asistieron celebraron por diversos motivos, unas personas asiduas a la sala, quienes son llamados por una pieza o un compositor en la programación; otros, familiares acompañándolos en cada presentación, como Blanca Grimaldo, quien por más de 33 años ha asistido a los conciertos para escuchar a su hijo Santiago Mora Grimaldo, percusionista integrante de la Orquesta Filarmónica.

“Siempre estoy acá porque mi hijo es músico, Santigo es percusionista, ahora está en timbales, por eso es que tengo tantos años de estar aquí. Inició en la Escuela de Iniciación a la Música y a la Danza, posteriormente hizo la licenciatura en la Escuela de Música Vida y Movimiento, la Maestría la hizo en Filadelfia y unas post Máster que las hizo en Texas. Yo lo disfruto porque he sido amante de la música clásica y segundo, pues que mi hijo esté tocando ¡pues aún más!”, dijo orgullosa.

Las luces iluminaron la sala y los músicos se levantaron de sus asientos para felicitarse unos a otros y dejar sus instrumentos. Las y los asistentes enfilaban a la salida, visiblemente contentos, satisfechos por una nueva interpretación musical. El recital de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México había concluido, una gala aplaudida como los fines de semana. Así fue una tarde-noche de Música de Cámara en la Sala Silvestre Revueltas del Centro Cultural Ollin Yoliztli.

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