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Di/Verso. Segundo Encuentro de Poemas en la Ciudad de México.

Publicado el 30 Junio 2017

Di/Verso. Segundo Encuentro de Poemas en la Ciudad de México. Discurso del Secretario de Cultura de la CDMX, Eduardo Vázquez Martín Antiguo Colegio de San Ildefonso Jueves 29 de junio de 2017

Bienvenidos todas y todos al Anfiteatro Simón Bolívar, que honra al libertador que luchó por desaparecer las fronteras de América Latina y que preside el mural La creación, de Diego Rivera. Bienvenidos a este templo dedicado a la creación. Bienvenida la convivencia de lo diverso, los puentes entre los diferentes, las puertas abiertas a los horizontes del lenguaje poético.

Esta tarde nos reúne la segunda edición de DiVerso, Encuentro de poemas en la CDMX, bajo el lema “Desbordando fronteras”. Esta expresión revela cierta naturaleza, una facultad intrínseca en la creación poética: el poema como objeto verbal que no conoce límites, incluso los del lenguaje, porque lo que expresa, cuenta o reflexiona, no se supedita a los límites geopolíticos y culturales, no está sujeta a las narrativas de su tiempo, pues la poesía, tal y como la describió, ya en su vejez, Octavio Paz: es “la otra voz”.

En la comunidad de los poetas se habla con frecuencia en la otredad como una experiencia que nos hace conscientes de la importancia del otro. El otro no como una abstracción, sino como el “otro que somos todos” —siguiendo al propio Paz—: el otro también como un ser concreto que reafirma nuestra existencia a través de la suya, ya sea en la empatía, el extrañamiento o la crítica. No hay poeta que no haya dedicado a la conciencia y la práctica de este concepto unos versos o una buena parte de su obra.

Hoy al iniciar las actividades de este encuentro de la diversidad, de la expresión poética, quiero recordar a Raúl Renán, a quien despedimos hace apenas unas semanas, un poeta experimentalista, promotor y maestro, que en su poema “Pasos” observaba: Destino en movimiento / van y vienen / como buscando laberintos. / A veces los desconozco, / como pasos de otro, / de otros pasos. / A prisa o sigilosos sé que huyen / porque la Tierra los persigue. / ¿A dónde fuga? / La Tierra pisará / tarde o temprano el cuerpo de mis pasos.

La palabra, en el uso que se hace de ella en el mundo contemporáneo, padece muchas veces de un vaciamiento de sus significados; y deja de decir lo que le toca. No hablo de polisemia ni de metonimia, sino de negación y sustitución del sentido. De pronto la palabra, en un uso cada vez más corriente, dice su contrario, se desdice, se transforma en oxímoron. Cuando ciertos agentes públicos hablan de justicia, es que anuncian la impunidad. Otras veces se habla de progreso o de modernización como una forma de anunciar el despojo, y que serán más los pobres y mayor la exclusión. La guerra se declara en nombre de la paz y al más absurdo montaje, a la más inverosímil narración que sirve para esconder los hechos más trágicos e ignominiosos, se les llama “verdad histórica”.

No es la primera vez que la palabra sufre este secuestro del sentido y ya en otras ocasiones el decir poético se ha visto en la necesidad de recuperar a la palabra de sus plagiarios: pienso como ejemplo, en la reacción de una parte fundamental de la poesía occidental frente a los discursos ideológicos de los aparatos de propaganda de los estados totalitarios del siglo XX.

Un encuentro de poetas y poemas, un festival de la palabra poética implica, desde nuestro punto de vista, la posibilidad de reencontrarnos con la palabra, no únicamente en el sentido etimológico del diccionario, aunque también, sino en el que tiene que ver con las potencias de la palabra como forma de conocimiento —así se trate de un conocimiento oscuro—, de revelación de la verdad: que pone en crisis el encubrimiento, la manipulación de la palabra, que ésta padece en el espacio de lo público y de lo político. Frente a la simulación y al cinismo que implica, el trabajo de los poetas supone una experiencia diferente del lenguaje, una forma radical de resistencia, implícita o explícita.

Coincido con Juan Domingo Argüelles en que la poesía mexicana es dispersa y diversa: “La segunda mitad del siglo XX y la primera del siglo XXI —escribe el crítico en la presentación del segundo tomo de la Antología general de la poesía del México actual—, han sido para la poesía mexicana una eclosión de voces, formas, registros, temas, vocaciones, etcétera, y de ello habla una nómina de (cientos de) autores, cuyas obras vivas están en constante ebullición, mudanza y enriquecimiento”. “Esta ‘dispersión total’ —dice Argüelles, citando a Efraín Huerta—, es más un signo de salud poética que un síntoma de lo contrario. Si algo define a la poesía mexicana de los últimos sesenta años —sigue Juan Domingo—, es su diversidad en fondo y forma, y en no pocos casos, su ausencia de cánones”.

Es desde la diversidad que leemos nuestra poesía y la que se escribe en otras lenguas y otros confines geográficos; es a partir de reconocernos dispersos y diversos que organizamos este encuentro; por eso la curaduría, la selección de mesas, autores, invitados de México y el mundo la hemos llevado a cabo de manera colaborativa y colegiada, incluyendo distintas colectividades (cuando es el caso de la agrupación de poetas en torno a proyectos editoriales, empatías, amistades, filias y fobias). Por ello hemos incluido también las voces que se manifiestan, como los poetas lo hacen con su trabajo, de manera solitaria e individual.

Si estamos en lo cierto y este es el momento diverso que vivimos, no cabe repetir ahora la afirmación de otro de los grandes muralistas, David Alfaro Siqueiros, cuando a mediados del siglo XX sentenció: “No hay más ruta que la nuestra”.

Ante la crisis civilizatoria que vivimos, es momento de experimentar todas las rutas, de aprender los unos de los otros a través de la inclusión y la convivencia. Ante los muros que se levantan para separar a los pueblos, ante las fronteras de púas y fuego, de sangre y lodo, ante los muros que la desigualdad construye, ante los muros que construimos entre nosotros y nos impiden vernos y nos ciegan, Di/Verso propone desbordar fronteras, construir puentes, volver la mirada al otro y, si es posible, cantar juntos.

A lo largo de estos días los lectores de poesía y los poetas están convidados a recorrer, a asumir el movimiento que propone el canto, a dar esos pasos que Renán describe: “A prisa o sigilosos”.

En un lapso de cuatro días, la Academia de San Carlos, este Antiguo Colegio de San Ildefonso, la Biblioteca de México, la Casa del Poeta Ramón López Velarde, el Centro Cultural de España en México, el Centro Cultural Elena Garro, el Centro de Cultura Digital, la Hostería La Bota, el Museo del Estanquillo y Radio UNAM, congregarán diversas propuestas de la expresión poética de la actualidad y confirmarán la importancia de la poesía en el tiempo presente.

Otro espacio será el Patio de la Plaza de la Ciudadela, donde se ha instalado el Pabellón Sonoro con una programación de novísima poesía mexicana a cargo de la Sociedad de Escritores de México.

Todas y todos sabemos que para lograr un encuentro de esta magnitud se requiere la suma de esfuerzos, de voluntades y deseos de personas capaces y comprometidas con la cultura como un bien público y un derecho fundamental.

Por ello, quiero expresar mi profundo agradecimiento a los siguientes colectivos, instituciones y personas, a quienes doy las gracias en orden alfabético: Academia Mexicana de Poesía, Asociación Mexicana de Escritores, a Bertha Cea Echenique, nuestra anfitriona el día de hoy en esta casa; a Claudia Barattini, Agregada Cultural de la Embajada de Chile en México; a Hermann Bellinghausen, a Mario Bojórquez, a Hernán Bravo Varela, a Antonio Calera Grobet, a Marco Antonio Campos, a la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, al Círculo de Poesía, a Rocío Cerón, y a José María Espinasa. A Luis Felipe Fabre, a Tania Favela, a Alicia García Bergua, a El Golem, a David Huerta, a Tanya Huntington, a Eduardo Langagne, a Ernesto Lumbreras, a Víctor Manuel Mendiola, a Eduardo Milán, a Jocelyn Pantoja, a Josué Ramírez, a María Rivera, a Pedro Serrano, a la Universidad Iberoamericana, a la Universidad Nacional Autónoma de México, a El Verbo: Festival de Poesía, así como a las que serán nuestras sedes y que ya he mencionado.

Quiero destacar, entre todas estas voluntades reunidas, el trabajo de dos compañeras extraordinarias: a Déborah Chenillo, Coordinadora de Vinculación Cultural Comunitaria, y a Marianna Palerm, coordinadora general de Di/Verso. Gracias a ellas llegamos a este día.

Asimismo, agradezco profundamente a los 125 participantes de este encuentro: 32 provenientes de cinco continentes —habitantes de múltiples fronteras que hoy desbordan—, y 93 de nuestro país, oriundos tanto de esta ciudad como de diversos estados de la República.

Colegas, compañeros de ruta o no: con sus obras contribuyen a dar significado y precisión a la palabra, a crear los puentes necesarios, a generar espacios para el diálogo y la reflexión, y nos demuestran, una y otra vez, que escribir y leer siempre vale la pena.

En estos cuatro días pondremos en movimiento a través de la palabra nuestra libertad de expresión, nuestra “libertad bajo palabra”, con un propósito claro: desbordar los muros que la cerrazón busca levantar, disolver los bordes de las falsas polémicas para encontrar que somos parte de un mismo cuerpo, o la materia de la vitalidad expresiva que nos lleva a reconocernos iguales, sin abdicar ante ninguna homogenización, sin perder nuestras diferencias, formando parte de la diversidad, pero también de la comunidad.

Así tendremos la oportunidad de escuchar conversaciones sobre temas específicos, abordando las fronteras, los muros, el tránsito humano, la crisis humanitaria y el desplazamiento como algunos de los ejes temáticos presentes en nuestra poesía.

La poesía no es ajena a la realidad política, porque el poeta se sitúa en el terreno de la analogía y no se plantea en los extremos sino ejerce su derecho a la radicalidad, donde los bordes se desbordan y se busca el encuentro crítico, de manera que en estos días los diferentes públicos podrán presenciar lecturas que van más allá de la página y más allá de lo que encasilla.

Octavio Paz habló de la tradición de la ruptura; el arte contemporáneo nace de ese contraste, tradición, que para Ezra Pound significa "algo bello que nosotros conservamos", y ruptura, una urgente necesidad de cambio para renovar y fortalecer aquello que nos hace valer la pena.

Este encuentro contiene todas las vertientes, es un reflejo de la diversidad que conforma el panorama de la cultura. Disfrutaremos la capacidad que tienen las y los poetas de transmitir conocimiento sensible, es decir, conciencia del mundo, de su complejidad, de la transparencia, de lo que siendo invisible se convierte en imagen verbal, en metáfora de nuestro tiempo.

Bienvenidos todos los poetas, voces de la tribu, diría Mallarmé, voces de la tribu, precisará más tarde Alberto Blanco (quien apenas ayer recibió el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores y que desde aquí Di/Verso felicita y abraza), de “los que no tienen tribu/ o pertenecen a la tribu de las ovejas negras; / o a una tribu cuyos ancestros vienen del futuro: / una tribu que está por llegar".

Gracias a todos por estar aquí, por haber cruzado sus propias fronteras. Sean ustedes bienvenidos.

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