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Declaratoria de Patrimonio Cultural a Tlatelolco, como sitio emblemático de la Memoria Histórica de la Ciudad de México Discurso del Secretario de Cultura Eduardo Vázquez Martín

Publicado el 02 Octubre 2018
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Declaratoria de Patrimonio Cultural a Tlatelolco, como sitio emblemático de la Memoria Histórica de la Ciudad de México Discurso del Secretario de Cultura Eduardo Vázquez Martín

Tlatelolco deriva del náhuatl tlatelli “terraza” o de xaltilolli que significa “punto arenoso” o “en el lugar del montón de arena”; también se puede interpretar como “lugar de la terraza de tierra.” En la actualidad, Tlatelolco está constituido por contrastantes edificaciones prehispánicas y coloniales que, en su convivencia, representan el sincretismo cultural de nuestro país.

Tlatelolco abarca la zona arqueológica con los restos de la antigua ciudad de México-Tlatelolco, la Caja de Agua novohispana y los vestigios del Tecpan, recinto colonial, sede de la autoridad civil y judicial de la República de Indios de Santiago Tlatelolco. En 1964 fue inaugurado el Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco construido por el arquitecto Mario Pani y apoyado por los arquitectos Luis Ramos Cunningham y Ricardo de Robina. La unidad fue provista de extensas áreas de parques y plazas, siendo la más significativa la Plaza de las Tres Culturas; así denominada por su evidente densidad histórica y arquitectónica. La Plaza de las Tres Culturas está enclavada en la tercera sección de la Unidad Habitacional, y a través de ella Pani hizo convivir las estructuras prehispánicas del recinto ceremonial, las virreinales y las modernas, convirtiéndola en testigo vivo de la historia del país. Destacan además el templo de Santiago y el antiguo convento, cuna del seminario San Juan Capistrano y San Buenaventura, que hoy aloja a la biblioteca José María Lafragua, de la Dirección General del Acervo Histórico Diplomático de la Secretaría de Relaciones Exteriores. A un costado se alza el complejo arquitectónico de la Torre de Tlatelolco, diseñada y proyectada en 1966 por Pedro Ramírez Vázquez, para ser la sede de la Secretaría de Relaciones Exteriores, vocación que perdió en el año 2005 para convertirse en lo que es hoy el Centro Cultural Universitario Tlatelolco y Memorial del 68, de la Universidad Nacional Autónoma de México. A la par de su desarrollo histórico, Tlatelolco ha modificado su apariencia, adaptándose a las condiciones y características de los diferentes procesos. Sus edificaciones antiguas y modernas constituyen hoy en día un paisaje urbano con características propias, y su peculiar fisonomía y expresión reflejan las transformaciones sociales y culturales de la sociedad en México durante la época prehispánica, el virreinato y los siglos XIX y XX.

Desde la época prehispánica hasta nuestros días, ha sido escenario de procesos y eventos sin los cuales no puede reconstruirse la historia de México. Ha generado y adquirido una carga simbólica y emblemática para todos los mexicanos, formando parte de la herencia cultural que se transmite de una generación a la siguiente.

No se puede entender al México actual si no se comprende la preeminencia histórica de Tlatelolco desde la fundación de México a partir del asentamiento de los mexicas, su posterior división interna en mexicas tenochcas y mexicas tlatelolcas, lo cual da un matiz de originalidad al propio Tlatelolco como una unidad que, estando ligada por razones étnicas, lingüísticas, religiosas y culturales a Tenochtitlan, definió su propia personalidad cultural y política que perduró incluso después de su anexión forzada por el tlatoani Axayácatl, vástago de un hijo de Izcóatl y de una hija de Moctezuma Ilhuicamina, quien realizó la conquista de Tlatelolco en 1473.

Como parte de la entonces llamada Gran Tenochtitlan, Tlatelolco conservó de todos modos su propia personalidad cultural, artística y hasta cierto punto política, incluso después de consumada la conquista española.

Tlatelolco albergó el mercado más importante de su época. Durante la conquista española, fue sede de la resistencia y de la última batalla que marcó la caída de la sociedad mexica, el 13 de agosto de 1521, fecha en que fue capturado el último tlatoani: Cuauhtémoc. A partir de esta fecha, pero bajo la advocación de Santiago, Tlatelolco fue sede franciscana y planteó un modelo de diálogo y convivencia que tuvo pocos reflejos en otras zonas en la historia colonial. Aquí se dio cobijo al Imperial Colegio de la Santa Cruz de Santiago Tlatelolco, sede educativa para hijos de nobles indígenas, que fuera la primera institución de educación superior para los pobladores originales.

Alvarado Tezozómoc y Fernando de Alva Ixtlilxóchitl estudiaron en el Colegio Imperial de la Santa Cruz de Tlatelolco; gracias a su preparación se convirtieron en los primeros cronistas e historiadores novohispanos de ascendencia indígena.

Fray Bernardino de Sahagún fue profesor en dicha institución en la cual desarrolló una investigación que duró más de treinta años sobre la gente y la cultura indígena, bajo el título de Historia general de las cosas de Nueva España, denominado también Códice Florentino.

En ese mismo recinto, hacia el año de 1552, fue elaborado el Libro sobre las hierbas medicinales de los pueblos indígenas conocido también como el Códice De la Cruz-Badiano, escrito por el indígena Martín de la Cruz, alumno y más tarde médico del colegio, quien plasmó sus conocimientos de herbolaria medicinal en dicho texto, mientras que el profesor xochimilca Juan Badiano tradujo al latín el contenido del herbario indígena.

Durante la Revolución mexicana, Tlatelolco tuvo un papel significativo: en la Cárcel de la Ciudad de México, ubicada en el antiguo claustro de Santiago Tlatelolco fueron encarcelados los hermanos Ricardo y Enrique Flores Magón, el General Bernardo Reyes y el General Francisco Villa.

En el año de 1967, en la Secretaría de Relaciones Exteriores, fue celebrado el Tratado para la Proscripción de Armas Nucleares en América Latina y el Caribe que prohibió el uso, desarrollo, adquisición y ensayo de armas nucleares en Latinoamérica.

Un año después, Tlatelolco fue testigo del Movimiento Estudiantil y de la matanza del 2 de octubre de 1968, en la Plaza de las Tres Culturas. Mañana contaremos 50 años de esa tragedia, sucedió la masacre estudiantil orquestada por fuerzas represivas del Estado mexicano.

A finales del siglo XX, el 19 de septiembre de 1985 un terremoto derrumbó el Edificio Nuevo León y otros inmuebles del Conjunto Habitacional Nonoalco-Tlatelolco cobrando cientos de vidas. Tlatelolco se convirtió en un sitio emblemático de aquella tragedia, pero también en ejemplo de la solidaridad ciudadana, momento en el que destaca la participación del tenor Plácido Domingo, que en 2015 regresó a Tlatelolco para dirigir el Réquiem de Guiseppe Verdi interpretado por la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México.

Como consecuencia de la terrible catástrofe de 1985, Tlatelolco es testigo de la organización emergente de la sociedad civil.

La declaratoria de Patrimonio Cultural de la Ciudad de México que en un momento más firmará el doctor José Ramón Amieva, de la mano del Rector Enrique Graue, nació como una iniciativa del entonces director del Centro Cultural Universitario Tlatelolco, licenciado Jorge Jiménez Rentería. Posteriormente, el doctor Jorge Volpi, Coordinador de Difusión Cultural de la UNAM y el periodista Ricardo Raphael De la Madrid le dieron continuidad a esta idea, y junto con la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México nos dimos a la tarea de preparar el expediente técnico, que fue redactado de forma colaborativa por el maestro Ander Azpiri Landa, la Arqueóloga Lucía Sánchez de Bustamante y la historiadora Teresa Filio Monter.

En su sesión del 23 de agosto del año en curso, el Consejo de Fomento Cultural de la Ciudad de México, integrado por los ciudadanos Juan Villoro, Andrés Medina, Carmen Boullosa, Mario Lavista, Miquel Adriá, Marta Turok, Yuriria Iturriaga, Iván Gomezcésar, Patricia Aulestia, Leonel Durán y Luis Ignacio Almeida, así como por los presidentes de las comisiones de Cultura y Patrimonio de la Asamblea Legislativa y funcionarios públicos del Gobierno de la Ciudad, aprueba, tras revisar el expediente técnico, enviar al Jefe de Gobierno la solicitud de esta declaratoria que nace en el seno de la Universidad Nacional Autónoma de México, pero que integra la visión y participación de quienes habitan la unidad habitacional, aquí representados por la vecina Mariel Calderón, así como los criterios de los institutos de Antropología e Historia y Nacional de Bellas Artes.

La declaratoria de Tlatelolco como Patrimonio Cultural de la Ciudad de México va acompañada de un Plan de Salvaguarda, desarrollado por la arqueóloga Lucía Sánchez de Bustamante, por Gabriela López, Coordinadora de Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural de la Secretaria de Cultura, el antropólogo Lucio Lara y el estudiante de sociología de la UAM Iztapalapa David Cruz Martínez, quien realiza su trabajo social en la Secretaría de Cultura. Con todo este trabajo realizado, la Universidad Nacional Autónoma de México y el Gobierno de la Ciudad, contribuyen, a 50 años del movimiento estudiantil de 1968, a la salvaguardia Tlatelolco como elemento fundamental de la historia social, política y cultural de nuestra Ciudad.

Muchas gracias